sábado, 2 de mayo de 2020

EL NATURALISMO



MOMENTO DE INICIO O EXPLORACIÓN

GUÍA # 3 – PERÍODO 2
¿Qué es método?
¿Qué es Experimento?
¿Qué es método experimental?
¿Qué es ciencia?

DIMENSIÓN COGNITIVA – MOMENTO DE ESTRUTURACIÓN
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjD6C3ZQxrr934cytD1UBNvL0J7DfZZyYvDDF0JowMrc5Jc7J2hLsSGmVUKzlqBkGZLHVqjm3okOYI0YxvGn0ij5pWYtKCO7I8NJ8nkWP730DevwUilAOBYtzPtgH0B4TeDn7yUbRlMvFbW/s320/Lonelyness_by_densss.jpgEL  NATURALISMO
El naturalismo es un movimiento artístico y principalmente literario, que surgió en el siglo XIX como una suerte de continuación y profundización del realismo, opuesto por lo tanto al idealismo romántico.
Este movimiento se caracterizó por una visión artística más apegada a la realidad, objetiva y sobre todo comprometida con el retrato de las clases sociales más desfavorecidas, cuyos problemas pretendía explicar mediante una visión racional, cientificista y desprovista de moral.
El naturalismo surgió principalmente en Francia y de la pluma del escritor y periodista Émile Zola (1840-1902), considerado su padre y.

CARACTERÍSTICAS DEL NATURALISMO

v El argumento: Carece de singularidad, pretende representar lo normal y cotidiano. Sólo se refleja un tramo de la vida de los personajes. Con la llegada del naturalismo, el argumento deja de ser un entretenimiento para convertirse en estudio social.

v Los temas: La novela introduce temas palpitantes de la sociedad en que se escribe y lee la obra, tales como las tensiones ideológicas, o los episodios contemporáneos. Irrumpe con fuerza el mundo del trabajo y el dinero como móvil imperante de la sociedad. Bajo la influencia del naturalismo aparecen nuevos temas tratados con una óptica distinta y con mayor crudeza de tono. Del amor irrumpen los aspectos carnales y de la pasión interesa el impulso carnal. Conforme la novela se aproxima al final del siglo, sus contenidos se tornan más simbólicos e intelectuales.

v Los personajes: Son vulgares y grises, sin rasgo ni distintivo especial, destaca la gran importancia prestada al personaje femenino. En la primera etapa del Realismo los personajes son encarnación de ideas. Progresivamente los personajes se aproximan a los seres de carne y hueso. Contrasta la forma de ser presentados. El naturalismo contempla al personaje como animal sujeto a leyes de la naturaleza y a las de la sociedad.

v El tiempo: El conflicto se desarrolla a lo largo de unos años que resultan centrales en la vida del personaje. La obra comienza en el punto en que va a iniciarse el conflicto dominante de la novela. A continuación se retrocede en el tiempo para relatar o resumir hechos del pasado que interesa conocer. Una vez que se ha relatado el pasado y se alcanza el punto inicial, la narración continúa hacia delante. Esta estructura narrativa se denomina in medias res, osea, comenzar desde la mitad de la historia.

v El espacio: Los espacios son verosímiles y se dibujan con gran acumulación de detalles. Muchas veces son reales. Aparecen con gran profusión los espacios urbanos y las zonas alejadas de las ciudades. También los espacios interiores. El conjunto de la novela es la interacción del personaje con el mundo exterior.

v Las técnicas narrativas: La pretensión de representar la realidad exige un narrador que conozca íntegramente la historia y el mundo interior de los personajes, por tanto se necesita un narrador omnisciente. El naturalismo exige además del narrador que no haga ninguna intervención directa ni valoración alguna. Las descripciones son abundantes en esta época. El diálogo es una forma de lograr impasibilidad narrativa, ya que en él sólo se escucha la voz pura del personaje. No es de extrañar, pues, que se empleen abundantes diálogos.

v El lenguaje: El lenguaje de los realistas gana en sencillez respecto a la etapa literaria anterior, esforzándose en depurar la retórica vacía, enfática y ornamental. La sintaxis oracional no es muy complicada. Los periodos oracionales son a veces extensos a causa de las enumeraciones motivadas por la minuciosidad descriptiva. En el léxico destaca la introducción de términos científicos, ya que los escritores siempre estuvieron muy atentos a la documentación para conseguir realismo hasta en los últimos detalles. Finalmente uno de los logros del Naturalismo es la viveza y frescura con que se reproduce el habla coloquial.

v Literatura objetiva: Debido a la voluntad de reflejar la realidad de la forma más veraz posible, los naturalistas empleaban un discurso objetivo en el que el narrador promovía un tono impersonal. No se involucraba en los personajes, simplemente narraba lo que a ellos les ocurría y sin poner ninguna frase ni comentario que revelara su pensamiento. Esto en parte es también influencia del espíritu científico que tenían los naturalistas y que trataban sus obras como un laboratorio en el que hacer pruebas y experimentar.

v Novelas como laboratorio: Otra de las características del naturalismo es que consideraban que el texto literario era su propio laboratorio. Los naturalistas investigaban a la sociedad en sus propias creaciones. Aprovechaban las condiciones de personajes para intentar experimentar con ellos y lanzar hipótesis sobre cómo sería su futuro y su destino. Los naturalistas se consideraban científicos y su laboratorio era la literatura.

v La herencia genética: Además de estar influenciados por nuestro contexto social, los naturalistas también creían que estábamos influencias por nuestros genes, por nuestra propia herencia. Las virtudes o defectos que se pasan de generación en generación es algo que nos condiciona sobremanera y que determina la manera en la que estamos viviendo en el mundo.

v En contra del romanticismo: Tanto el realismo como el naturalismo surgieron como reacción al movimiento romántico. Los románticos habían apostado por llevar a cabo un tipo de arte que explorara el interior del ser humano, las emociones, los sueños, el subconsciente, etcétera. Un tipo de literatura muy aislada de la realidad y en la que el poeta se convertía en una especie de Dios creador. Los realistas y naturalistas reaccionaron ante esta representación tan poco real del mundo y por eso promovieron otro tipo de arte que se alejara de la fantasía y reflejara el mundo tal y como es.

v Uso de la ciencia y del método científico: Los naturalistas se consideraban científicos de la realidad. Por ello, seguían un método científico que pretendía analizar la vida de una forma objetiva y real. Los escritores naturalistas observaban, anotaban, investigaban y, después, escribían todo lo que habían visto. De una forma sistemática y sin involucrarse emocionalmente. Lo que querían era analizar la realidad y para hacerlo tenían la novela y el campo literario que les servía de laboratorio de experimentación.

v  La influencia de Darwin: Y, por último, otra de las características del naturalismo más destacadas es que este movimiento coincidió con la aparición de El origen de las especies de Charles Darwin que se publicó en el 1859. El científico se basó en la biología evolutiva para intentar explicar de dónde viene el ser humano.

APORTES A LA LITERATURA

Según Zola las bases teóricas de la novela naturalista se resumen en el "estudio del temperamento y las modificaciones profundas del organismo bajo la presión del medio y las circunstancias".

Antitético al espiritualismo y al optimismo ideológico de la cultura romántica, en el naturalismo se subraya la dependencia del hombre de las condiciones ambientales y denuncia los límites concretos de su personalidad ética. Se desplaza toda la atención no tanto hacia la naturaleza, anulada por un pesimismo opuesto al optimismo ilustrado, como hacia la sociedad entendida como un mecanismo de atropello y de embrutecimiento del individuo.

Es fundamental la hipótesis de la enfermedad y el mal como producto del deterioro y distorsión de las estructuras sociales.
En el naturalismo se niegan los principios estéticos tradicionales para proponer una revolucionaria equiparación entre lo "bello" y lo "feo". Se reivindica lo que la gran literatura aristocrática y burguesa había rechazado durante siglos.
Se considerada esta nueva novela como la representante de las clases bajas, la pequeña burguesía y el proletariado, convencionalmente marginado del dominio elitista de la literatura.

Principales representantes del naturalismo

Los principales representantes del naturalismo fueron:
  • FranciaÉmile Zolá, Gustave Flaubert, Guy de Maupassant, Gustave Flaubert.
  • InglaterraThomas Hardy, George Bernard Shaw.
  • Alemania. Arno Holz, Johannes Schlaf, Carl Hauptmann y Gernhard Hauptmann.
  • Italia. Giovanni Verga, Luigi Capuana, Matilde Serao.
  • Portugal. Eça de Queiroz.
  • Rusia. Chéjoz, Dostoievski, Máximo Gorki.
  • EspañaEmilia Pardo Bazán, Luis Coloma, José María de Pereda, el Marqués de Figueroa, Enrique Sánchez Seña, Benito Pérez Galdós, entre muchos otros.
  • LatinoaméricaManuel Zeno Gandía (Puerto Rico), Clorinda Matto de Turner (Perú), Augusto D’Halmar (Chile), Eugenio Cambaceres (Argentina), Rómulo Gallegos (Venezuela), entre muchos otros.
  • Estados Unidos. Theodore Dreiser, Truman Capote.

Principales obras naturalistas

Las obras más destacadas del naturalismo, en las que puede apreciarse plenamente su filosofía son:
Ø  Thérèse Rasquin (1867) y Le roman expérimental (1880), ambas de Zolá.
Ø  Otras obras importantes son Los malavoglia de Verga, La desheredada de Galdós, La puchera de José María de Pereda, Aves sin nido de Matto de Turner, La charca de Manuel Zeno Gandía y Santa de Federico Gamboa.

 

 

DIMENSIÓN PROCEDIMENTAL – MOMENTO DE PRÁCTICA O EJECUCIÓN
ACTIVIDADES
Actividad # 1.
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Todo el día, sentados en el patio, en un banco estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con la boca abierta.

El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.
Otras veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.
El mayor tenía doce años y el menor, ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.
Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho más vital: un hijo. ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?
Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creció bella y radiante, hasta que tuvo año y medio. Pero en el vigésimo mes sacudiéronlo una noche convulsiones terribles, y a la mañana siguiente no conocía más a sus padres. El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando las causas del mal en las enfermedades de los padres.
Después de algunos días los miembros paralizados recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aun el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre las rodillas de su madre.
—¡Hijo, mi hijo querido! —sollozaba ésta, sobre aquella espantosa ruina de su primogénito.
El padre, desolado, acompañó al médico afuera.
—A usted se le puede decir: creo que es un caso perdido. Podrá mejorar, educarse en todo lo que le permita su idiotismo, pero no más allá.
—¡Sí!... ¡Sí! —asentía Mazzini—. Pero dígame: ¿Usted cree que es herencia, que...?
—En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que creía cuando vi a su hijo. Respecto a la madre, hay allí un pulmón que no sopla bien. No veo nada más, pero hay un soplo un poco rudo. Hágala examinar detenidamente.
Con el alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobló el amor a su hijo, el pequeño idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener sin tregua a Berta, herida en lo más profundo por aquel fracaso de su joven maternidad.
Como es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo. Nació éste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los dieciocho meses las convulsiones del primogénito se repetían, y al día siguiente el segundo hijo amanecía idiota.

Esta vez los padres cayeron en honda desesperación. ¡Luego su sangre, su amor estaban malditos! ¡Su amor, sobre todo! Veintiocho años él, veintidós ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un átomo de vida normal. Ya no pedían más belleza e inteligencia como en el primogénito; ¡pero un hijo, un hijo como todos!
Del nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas del dolorido amor, un loco anhelo de redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron mellizos, y punto por punto repitióse el proceso de los dos mayores.
Más por encima de su inmensa amargura quedaba a Mazzini y Berta gran compasión por sus cuatro hijos. Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo, abolido. No sabían deglutir, cambiar de sitio, ni aun sentarse. Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los obstáculos. Cuando los lavaban mugían hasta inyectarse de sangre el rostro. Animábanse sólo al comer, o cuando veían colores brillantes u oían truenos. Se reían entonces, echando afuera lengua y ríos de baba, radiantes de frenesí bestial. Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada más.
Con los mellizos pareció haber concluido la aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.
No satisfacían sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba en razón de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían nacido de ellos echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.
Iniciáronse con el cambio de pronombre: tus hijos. Y como a más del insulto había la insidia, la atmósfera se cargaba.
—Me parece —díjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las manos—que podrías tener más limpios a los muchachos.
Berta continuó leyendo como si no hubiera oído.
—Es la primera vez —repuso al rato— que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.
Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:
—De nuestros hijos, ¿me parece?
—Bueno, de nuestros hijos. ¿Te gusta así? —alzó ella los ojos.
Esta vez Mazzini se expresó claramente:
—¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?
—¡Ah, no! —se sonrió Berta, muy pálida— ¡pero yo tampoco, supongo!... ¡No faltaba más!... —murmuró.
—¿Qué no faltaba más?
—¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir.
Su marido la miró un momento, con brutal deseo de insultarla.
—¡Dejemos! —articuló, secándose por fin las manos.
—Como quieras; pero si quieres decir...
—¡Berta!
—¡Como quieras!
Éste fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables reconciliaciones, sus almas se unían con doble arrebato y locura por otro hijo.
Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complaciencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del mimo y la mala crianza.
Si aún en los últimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros. Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A Mazzini, bien que en menor grado, pasábale lo mismo. No por eso la paz había llegado a sus almas. La menor indisposición de su hija echaba ahora afuera, con el terror de perderla, los rencores de su descendencia podrida. Habían acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara distendido, y al menor contacto el veneno se vertía afuera. Desde el primer disgusto emponzoñado habíanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona. Antes se contenían por la mutua falta de éxito; ahora que éste había llegado, cada cual, atribuyéndolo a sí mismo, sentía mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro habíale forzado a crear.
Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La sirvienta los vestía, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad. No los lavaban casi nunca. Pasaban todo el día sentados frente al cerco, abandonados de toda remota caricia. De este modo Bertita cumplió cuatro años, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo algún escalofrío y fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, tornó a reabrir la eterna llaga.
Hacía tres horas que no hablaban, y el motivo fue, como casi siempre, los fuertes pasos de Mazzini.
—¡Mi Dios! ¿No puedes caminar más despacio? ¿Cuántas veces...?
—Bueno, es que me olvido; ¡se acabó! No lo hago a propósito.
Ella se sonrió, desdeñosa: —¡No, no te creo tanto!
—Ni yo jamás te hubiera creído tanto a ti... ¡tisiquilla!
—¡Qué! ¿Qué dijiste?...
—¡Nada!
—¡Sí, te oí algo! Mira: ¡no sé lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre como el que has tenido tú!
Mazzini se puso pálido.
—¡Al fin! —murmuró con los dientes apretados—. ¡Al fin, víbora, has dicho lo que querías!
—¡Sí, víbora, sí! Pero yo he tenido padres sanos, ¿oyes?, ¡sanos! ¡Mi padre no ha muerto de delirio! ¡Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! ¡Esos son hijos tuyos, los cuatro tuyos!
Mazzini explotó a su vez.
—¡Víbora tísica! ¡eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! ¡Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, víbora!
Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita selló instantáneamente sus bocas. A la una de la mañana la ligera indigestión había desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios jóvenes que se han amado intensamente una vez siquiera, la reconciliación llegó, tanto más efusiva cuanto infames fueran los agravios.
Amaneció un espléndido día, y mientras Berta se levantaba escupió sangre. Las emociones y mala noche pasada tenían, sin duda, gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada largo rato, y ella lloró desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una palabra.
A las diez decidieron salir, después de almorzar. Como apenas tenían tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.
El día radiante había arrancado a los idiotas de su banco. De modo que mientras la sirvienta degollaba en la cocina al animal, desangrándolo con parsimonia (Berta había aprendido de su madre este buen modo de conservar la frescura de la carne), creyó sentir algo como respiración tras ella. Volvióse, y vio a los cuatro idiotas, con los hombros pegados uno a otro, mirando estupefactos la operación... Rojo... rojo...
—¡Señora! Los niños están aquí, en la cocina.
Berta llegó; no quería que jamás pisaran allí. ¡Y ni aun en esas horas de pleno perdón, olvido y felicidad reconquistada, podía evitarse esa horrible visión! Porque, naturalmente, cuando más intensos eran los raptos de amor a su marido e hija, más irritado era su humor con los monstruos.
—¡Que salgan, María! ¡Échelos! ¡Échelos, le digo!
Las cuatro pobres bestias, sacudidas, brutalmente empujadas, fueron a dar a su banco.
Después de almorzar salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires y el matrimonio a pasear por las quintas. Al bajar el sol volvieron; pero Berta quiso saludar un momento a sus vecinas de enfrente. Su hija escapóse enseguida a casa.
Entretanto los idiotas no se habían movido en todo el día de su banco. El sol había traspuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse, y ellos continuaban mirando los ladrillos, más inertes que nunca.
De pronto algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, quería observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Quería trepar, eso no ofrecía duda. Al fin decidióse por una silla desfondada, pero aún no alcanzaba. Recurrió entonces a un cajón de kerosene, y su instinto topográfico hízole colocar vertical el mueble, con lo cual triunfó.
Los cuatro idiotas, la mirada indiferente, vieron cómo su hermana lograba pacientemente dominar el equilibrio, y cómo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco, entre sus manos tirantes. Viéronla mirar a todos lados, y buscar apoyo con el pie para alzarse más.
Pero la mirada de los idiotas se había animado; una misma luz insistente estaba fija en sus pupilas. No apartaban los ojos de su hermana mientras creciente sensación de gula bestial iba cambiando cada línea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La pequeña, que habiendo logrado calzar el pie iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente sintióse cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.
—¡Soltáme! ¡Déjame! —gritó sacudiendo la pierna. Pero fue atraída.
—¡Mamá! ¡Ay, mamá! ¡Mamá, papá! —lloró imperiosamente. Trató aún de sujetarse del borde, pero sintióse arrancada y cayó.
—Mamá, ¡ay! Ma. . . —No pudo gritar más. Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana se había desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancándole la vida segundo por segundo.
Mazzini, en la casa de enfrente, creyó oír la voz de su hija.
—Me parece que te llama—le dijo a Berta.
Prestaron oído, inquietos, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Berta iba dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio.
—¡Bertita!
Nadie respondió.
—¡Bertita! —alzó más la voz, ya alterada.
Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.
—¡Mi hija, mi hija! —corrió ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vio en el piso un mar de sangre. Empujó violentamente la puerta entornada, y lanzó un grito de horror.

Berta, que ya se había lanzado corriendo a su vez al oír el angustioso llamado del padre, oyó el grito y respondió con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, lívido como la muerte, se interpuso, conteniéndola:
—¡No entres! ¡No entres!
Berta alcanzó a ver el piso inundado de sangre. Sólo pudo echar sus brazos sobre la cabeza y hundirse a lo largo de él con un ronco suspiro.
FIN

Preguntas:
1.   ¿Qué temas se abordan?
2.   ¿Qué aspectos se evidencian?
3.   ¿Cuáles son los personajes principales?
4.   En qué lugar ocurren los hechos?
5.   ¿Quiénes son sus personajes secundarios?
6.   ¿Qué relación encuentras entre el título y el tema?
7.   Desde tu punto de vista, ¿por qué crees que los chicos mataron a su hermanita?
8.   Los padres se echan mutuas culpas del estado de los varones, ¿cuáles son los argumentos que utiliza cada uno para responsabilizar al otro del drama?
9.   Cuál fue la parte de este cuento que más te impresionó?
10. ¿Te gustó el cuento de Horacio Quiroga? ¿Por qué?
11. ¿qué piensas de este cuento?
12. Hablando desde tu punto de vista, ¿qué crees que fue la acción de la cual llegó a este final?

Horacio Silvestre Quiroga Corteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 - Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937), cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo-argentino. Fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista. Sus relatos breves, que a menudo retratan a la naturaleza como enemiga del ser humano bajo rasgos temibles y horrorosos, le valieron ser comparado con el estadounidense Edgar Allan Poe.











Actividad # 2.

Investiga las siguientes preguntas:

1.    ¿Por qué se caracteriza el naturalismo?
2.    ¿En qué siglo y aproximadamente en qué años se desarrolla el naturalismo?
3.    ¿Dónde surgió principalmente el naturalismo?
4.    ¿Quién fue su máximo exponente?
5.    ¿Qué pretendía el método científico?

INVESTIGA:

Escribe las características literarias del Naturalismo.

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